Thierry Marseillais

Actualizado: mar 25

"Echo en falta más sinceridad y más apoyo entre los artistas locales y nacionales"


El escritor Thierry Marseillais, miembro y co-fundador del mítico programa de radio independiente Habitación con Vistas, que lleva emitiéndose desde finales de los 90, se mueve por la electrónica de este país con agilidad, buen gusto y con un carácter honesto y profesional, cosa no precisamente abundante en el medio. De criterio musical más ecléctico que un mercadillo de vinilos berlinés, este periodista galo, difícil de encasillar, es uno de los grandes agitadores de música electrónica que cosecha nuestro país. Y si no nos creen, pasen y bailen.

¿Cuál es tu ocupación primera?


Pues en estos momentos estoy escribiendo, estudiando y trabajando. Una amalgama que me trae loco y que espero llegue a buen puerto. Ilusión, ganas, necesidad… Pero te digo una cosa: estoy feliz como hace mucho tiempo. Y eso es muy bueno.


¿Cuándo y cómo llegó tu interés por la música electrónica?


Buena pregunta. Te diría que curiosamente a raíz de escuchar a formaciones como The Jesus And Mary Chain o Primal Scream, allá por 1993. Aunque estaba en pleno apogeo punk-rockero y hardcoreta, fue una verdadera llamada a la acción. De ahí a lo que vino después: mi pasión por la música electronica experimental y el techno. Luego ya llegaron otros estilos como el house, el drum & bass, electro, disco, etc.


¿Cómo entiendes la música electrónica?


Entiendo la música electrónica como un vehículo muy personal para desarrollar esos senderos más difíciles de expresar con palabras. La música electrónica me sirve para expresarme con mayor claridad sobre cómo me siento en determinados momentos de mi vida. Creo a ciencia cierta que es mi música. No puedo vivir sin ella.


¿Cuándo decidiste tomarte más en serio la música? ¿Y la música electrónica? ¿Hasta qué punto ha sido y es importante para ti?


Desde que tengo uso de razón, la música ha sido ciertamente importante en mi vida. Ya sea dentro los senderos de la electrónica o no. Pero puedo decir que ese punto de partida, como algo más serio o profesional, comenzó a raíz de Habitación con Vistas, en 1997.


¿Qué locales empezaste a frecuentar al principio? ¿Alguno a destacar?

¿Qué artistas han sido importantes para tu educación musical?


Madre mía. Si te contara de cada sitio en el que he estado… Bueno, todos tienen lo suyo. A cada cosa, su momento. He tenido la suerte de estar en muchos: Soma, The Room, Coppelia, Long Play, Weekend, Mondo, Industrial Copera, Razzmatazz, Lux y Fragil en Lisboa, Florida 135… Ésta última, tengo que decir que fue toda una experiencia. Que un pueblo como Fraga conserve un lugar así, es una maravilla. Cuando llegas allí no te esperas en absoluto algo tan original. Deseo fervientemente que perdure durante muchos años. Y respecto a esos artistas… bueno, la lista es interminable. Esto es como la pregunta del millón. Hablamos de música electrónica. Es un terreno peligroso. Porque si te gusta tanto como a mí, nunca vas a salir. Hay tantos registros sonoros que siempre habrá algo nuevo por conocer o que te deje tocado. Y yo soy muy inquieto. Pero ahí van algunos nombres: Underworld, Primal Scream, Faze Action, Death in Vegas, Metro Area, Michael Mayer, Brian Eno, Donnacha Costello, Apparat… podría estar horas y horas.


¿God is a DJ? ¿Sientes veneración por los Djs?


God is not a dj. Bueno, creo que toda forma de expresión musical que se precie y que deje ver una muestra de interés y calidad tras ello, merece veneración, por supuesto. Y mucho más. Vamos, que le daría un beso a ese artista que consigue emocionarme. Independientemente de lo que utilice para ello.


¿Cómo ves el panorama de electrónica local actual? ¿Crees que finalmente vamos por el buen camino para conservar y pulir una buena escena electrónica en nuestro país? ¿O es el oasis de siempre?


A pesar de tener mucho talento repartido y artistas con gran proyección, sigue sin observarse un hilo conductor, unificador… ¿Qué echas en falta? Ciertamente, las posibilidades para crear música electrónica hoy en día son infinitas. Y eso es muy bueno, a pesar de lo que piensen muchos puristas. Y sí, creo que hay muy buen nivel. Tanto aquí como allí. Pero el talento no es algo que posean muchas personas. Y eso se ve, se palpa. Y creo sinceramente que el problema no es de los artistas, sino de los quienes programan música en nuestro país. Y me refiero a las altas esferas. Porque si dejaran de pensar en cuántos discos se venden o cuántas escuchas tiene un álbum y se concentraran más en la calidad sonora que ofrece un artista, esto daría un giro de 180º. Apostemos por la originalidad, por la inquietud artística, por la sensibilidad verdadera, de raíz. No por hacer caja. Insisto, cambiarían mucho las cosas. Y echo en falta más sinceridad y más apoyo entre los artistas locales y nacionales. Esto no es una competición, por mucho que se empeñen las multinacionales, grandes medios o gilipollas varios, que hay unos cuántos. Hay que apoyarse, entre todos. Y desde abajo, con mayor peso, es ciertamente importante. Siento y veo mucho recelo y envidia malsana muy cerca de mí, incluso entre compañeros de profesión, amigos que llevan años en esto y siguen comportándose como auténticos críos. Ese ego es el que hace verdadero daño, el que atropella esa creatividad tan bonita. No puedo dejar de ser crítico con este asunto.


¿Crees que la conexión entre la electrónica y el mundo académico, es cada vez más fuerte?


Porque en los medios parece que se deshilvana y en el público es bastante imprecisa. Claro que sí. Veo más puertas abiertas. Ahora, es una verdad como un templo que hacen falta más ayudas y más apoyo a los nuevos creadores, empresas, eventos, etc. Está bien, pero queda mucho por caminar. Por otro lado, lo que me gusta, lo que veo ahora, es cómo se están moviendo los pequeños colectivos ofreciendo y haciendo grandes cosas para un público sediento de música original y de calidad a un precio razonable, sin tener que pagar altas tarifas para el disfrute. Eso es por lo que hay que apostar y apoyar.


¿Cómo llegaste a la crítica musical? ¿Tus padres tenían proclividades musicales, o tocaban algún instrumento? Háblanos de tus revelaciones musicales, de infancia y adolescencia.


Pues verás, mi padre sí que me inculcó algo. Fue un hippie que quería vivir el momento sin importar el mañana y la música le tocó mucho esa fibra sensible. Mi madre y él viajaron mucho. ¿Su música? A saber: Jefferson Airplane, Beatles, Iron Butterfly, etc. Luego fue un ex de mi hermana quien me introdujo en el punk-rock y ya me cambió la vida. Me hubiese gustado tocar la batería. O sea, profesionalmente. De hecho, alguna vez que otra cogí unas baquetas practicando en el local de amigos. Pero no me decidí, vaya. Inseguridades de adolescente. Por otro lado, desde el colegio, ya me dedicaba a grabar cintas de cassette recopilatorias a amigos y novias. Tenía esa inquietud porque la gente conociera toda la música que pasaba por mis manos. Y lo de escribir, pues siempre ha estado presente. Lo de la crítica musical me vino más ya con Habitación con Vistas.


¿Qué te llevó a crear un proyecto como Habitación con vistas?


Habitación con Vistas me cambió la vida. Fue gracias a mi amigo Jose, gran periodista, fiel compañero de aventuras musicales y también culo inquieto como yo. Me comentó la idea y no me lo pensé ni un segundo. Este proyecto tuvo su origen a través de la radio libre. Y hasta el día de hoy.

¿Por qué decidisteis ese nombre?


El nombre viene de la unión de aquel libro de Edward Morgan Foster, “Una Habitación con Vistas” y de uno de nuestros grupos preferidos de la escena post-hardcore madrileña: A Room With A View. Queríamos una mirada personal e íntima de la música. Esto es, proyectándolo desde una habitación con vistas. Algo bonito y poético, vaya.


¿Cuál es vuestro criterio de selección musical? ¿Te digo la verdad?


El que nos plazca, sin miramiento alguno. Liberación absoluta. Pero sí, siempre dentro de ese marco “subterráneo”.


¿Tenéis alguna idea futura que queráis desvelar para Habitación con Vistas? Sorpresa. Es más bonito así. ¿Qué echas en falta en el periodismo de música electrónica?


Que paguen. Que paguen a tiempo. Que sigan pagando. Que valoren nuestro tiempo, que es de oro. Lo hagas bien o lo hagas mal, pero es TU TIEMPO. Es muy bonito escribir, pero hay que comer y facturas que pagar. Estoy harto de cómo le venden la moto a mucha gente joven llenándose la boca de promesas falsas y utilizando a esos artistas que se dejan la piel cada día. Este tema me saca de quicio. Mucho.


¿Qué referentes destacarías en este campo?


Bueno, dentro del periodismo, César Luquero y José Durán. Son grandes amigos a los que adoro como personas y como profesionales. Muy luchadores. Son una gran influencia para mí. Otros más como Rafa Cervera, Luis Lles, Sagrario Luna o Joan S. Luna.


¿Qué les pedirías a los periodistas profesionales? ¿Y a los que se acaban de iniciar?


A los primeros: menos zancadillas y más apoyo entre compañeros de profesión. Menos falsedad. A los segundos: Preparáos, que vienen curvas.


¿Cómo vislumbras el futuro de la música? Pareciera que así como hay nostalgia por el pasado, hay un culto desmesurado al futuro ¿qué opinas?


Ni idea. Sólo te puedo decir una cosa si cabe: sé que seguiré abriendo los brazos y nos los cruzaré nunca frente a la música. Mis prejuicios de joven me cerraron muchas puertas. No sirven para nada. Queda mucha música por descubrir, de eso estoy muy seguro.


¿Qué dirías de los siguientes sellos y proyectos?:


Downbeat: Jazzie.

Multi Culti: Futuro prometedor.

Night Noise: Agencia a destacar.

Bordello A Parigi: Arrea.

Clouded Vision: London’s Burning!


¿Y de estos autores?:


Alfonso Pomeda (F-on): Necesario.

Luis Costa: Toma bacalao!

Ivan Smoka: Grande.

Rafa Cervera: Palabras mayores.

Ruth García: Amiga y buena profesional.

Rodion: Un must.

Niet: Artistaza!


Para concluir, ¿podríais contarnos algo de tus proyectos actuales y futuros? ¿Hacia dónde se dirige Thierry Marseillais?


Hacia un horizonte muy lejano y bonito donde la música y el amor sigan presentes en mi vida.



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