Vanity Dust

"La literatura, como puede serlo la música electrónica o cualquier campo artístico —cine, pongamos— es un buen indicador de la mierda que hay en el mundo"

No es la tecnología, es el ser humano que es gilipollas. La tecnología sólo canaliza su gilipollez y la pone de relieve para que los demás la compartan, le den a me gusta y retuiteen. No son las drogas, ni los videojuegos, ni la prensa. Eso no es más que un reflejo de nuestro estrambótico mundo. Vanity Dust lo sabe, sabe que no queda otra cosa que convivir con ello, bailar al ritmo del declive de la civilización, y montártelo de la mejor manera posible. Ya sea por medio de la literatura más onfierista o por las mejores raves del planeta. Vanity, siempre alerta, rápido en el tiro verbal, adicto a la noche, gusta de observar, experimentar y dejar que las cosas le sorprendan. Sus textos son ruido y furia, y una voluntad arqueológica en el núcleo duro y negro de lo real e imaginario. Porque la ficción también es realidad.


¿Quién es Vanity Dust y cómo toca las cosas?


Vanity Dust podría ser el tipo que te encuentras en los baños del Sónar discutiendo con un segurata porque quiere entrar con 4 personas en el mismo baño y le dicen que “nein”. Vanity es el tipo que, en efecto, te encuentras dentro del baño de Berghain junto a otras cuatro personas diciendo “mein gott”. Pero también te lo cruzas en medio de la pista, justo cerca de los altavoces que le hacen vibrar los, joder, los dientes. También te lo encontrarás deambulando por librerías, acumulando libros en un cesto imaginario llamado “suelo” y discutiendo consigo mismo al no recordar si algunos libros los ha leído ya o no. Le encontrarás tomando birras o cafés (los gintonics a primera hora de la noche o de madrugada) en terrazas en las que, para disimular, finge hacer llamadas a gente conocida y lee aquellos libros que cree no haber leído antes. Por otro lado, escribe sobre todo esto y luego olvida haberlo escrito. También hace algo de música, aunque ya no con esos vinilos tan entrañables de cuando tenía 18 años. Y, siempre, absolutamente siempre, es un “chiko wapo simpatiko y adragable que busca amistad o lo k surja”.

Qué cambió en tu vida para tomártela tan... ¿onfierista?

Suelo tener la sensación de que todavía queda gente en este mundo que se toma a sí mismo bastante en serio. A pesar de los brutales avances en neurociencia, que cuestionan de forma radical e irreversible la existencia de un “yo” separado de un mundo exterior, habitamos en una sociedad incapaz de asimilar este hecho y que, por ende, se limita a utilizar cualquier tipo de artimañana emocional, ideológica o material (tecnológica) para aferrarse a una identidad “yo” que, como me parece obvio, está destinada al fracaso si no relativiza un poco sus marrones. ¿Y qué es relativizar? Dejar la infumable “rave de la personalidad” y terminar con la veneración mediática de memeces como los selfies, la autocomplacencia intelectual —analista de fútbol con apuestas online, revolucionario político leyendo en Wikipedia sobre el Club Bilderberg, experto en tendencias en Pinterest, coolhunter en su propia frustración, diseñador gráfico con Instagram y coaching vital con “la vida son dos días, hay que darlo todo. Carpe Diem” o “Al final tenemos solo una vida y hay que vivirla lo mejor que se pueda”.

Como es habitual, a nivel histórico, este recomendable cambio de paradigma sobre la movida indentitaria y la miopía ontológica de nuestra especie solo podrá cambiar con Grandes Percales. Nos quedan dos vías posibles: extraterrestres (más a largo plazo) o precipitación de terribles cambios climáticos que se carguen a la mitad del planeta y jodan bien al resto —en Nature hay quien estipula que podríamos comenzar a ver algo de eso sobre el 2025—. Mientras esto no ocurra, y uno no decida suicidarse —cosa totalmente legítima, útil e incluso reivindicable—, seguiremos con la orgía autodestructiva a escala masiva y de avance exponencial.

Considero que la peña que finalmente hace cosas —follar con pivones, escribir novelas y viajar para presentarlas, regar las plantas de los centros comerciales, hacer música, ayudar a niños pobres a leer, tratar bien a los camareros, saludar a los vecinos o consumir drogas—, logra escapar algo de eso porque, en cierto modo, se adapta a la mierda que hay. Ojo con la palabra adaptarse. No es “rendirse” ni “conformarse” —nada del todo malo, ya que sabemos por la literatura que la vida de los derrotados es mucho más intensa que la gente bien—. La gente que se adapta en este sentido suele hacer: 1) una razonable lectura del pasado (y llegar a la conclusión de que El Percal ha existido siempre, cualquier época ha tenido sus revulsivos, perdedores, traidores, pivones, fiesteros o gordos) 2) una valoración realista del presente 3) una autocrítica deleuziana sobre la “vergüenza de ser humano” 4) una toma de posición basada en lidiar con todo ello de la forma más agradable posible para uno mismo y para el resto de random world.

Mierda. Esto último ha quedado de autoayuda pretenciosa y absolutamente arbitraria. Como si un aficionado a los jardines Zen como yo supiese de qué va Todo Esto realmente. Intentando resumir —porque veo que aquí hay millones de preguntas y esto se va de madre fácil—, considero que una cosa interesante y entretenida de nuestra contemporaneidad es que tenemos muchas herramientas para expandir los límites de lo real —una vez nos hemos ubicado más o menos en ello— y, de este modo, unirlos a la parte de ficción que más nos onfireiza. En el capitalismo actual el rollo mainstream se contenta con los personal branding y los storytellings. Pero tenemos los flashmobs, el porno en la red a machete, virales delirantes y gente que se hace millonaria por una app de mierda. Mientras todo sigue su proceso de Apocalipsis lento y cutre, podemos generar ficciones vinculadas a lo real como nunca antes.

El resultado, siempre parcial y nunca definitivo es, en mi caso, desplegar un aparato de ocio y consumo cultural con desarrollo variable y multitemático. Con ello uno se desahoga, intenta vivir como quiere y conoce a peña que está en el mismo rollo —con grandes y necesarias variaciones—. La música electrónica puede ser un mero inicio, como los bombos en la prehistoria. Pero ahora son las 5:34 de la madrugada y mejor pasamos a otra pregunta. Next. (Gracias, Chatroulette).

¿Cuál es tu idea de petarlo?

Mi idea de petarlo es muy múltiple. Lo puedo petar en casa leyendo mientras escucho techno, tomando café por la mañana fumando un cigarro y mirando las obras de enfrente, bajando Vía Layetana en moto afeitando a los turistas que van en bici, pegándome eternas charlas y pinchando en casa con colegas + random people. Petarlo es también amar mucho y muy fuerte a la mujer que sabe darte la caña que necesitas con la inteligencia que tu no tienes y la sensualidad que te gustaría tener si fueses tía. Petarlo es todo esto, y también montar una empresa de reciclar residuos o entrar en una coral de canto de emos. Ser monje Zen o coaching killer de multinacionales puede ser también lo suyo. Incluso surfero australiano o director de cine porno. La idea para petarlo es hacer algo que a uno le provoque subidones emocionales e intelectuales y que ello pueda alcanzar a otra peña que lo entiende y puede ofrecer su propio modo de petarlo para generar más y más formas de petarlo. Wow.

¿Por qué las drogas están tan presentes en la vida de VD?

Porque están ahí y producen cosas en tu mente que una infusión no logra. Mucho se ha hablado de la expansión que las drogas provocan en la concepción del yo (Burroughs, Huxley), y esto cuadra con lo que comentaba de no creer férreamente en la identidad fija de uno mismo —no me leáis en modo baumaniano, más bien pienso en liantes como DeadMau5, Bansky o Pynchon). Eso te hace cuestionarte de nuevo a ti mismo y te lleva a nuevos lugares. Esos lugares no tienen por qué ser más yonkies o decadentes. Pueden ser perfectamente sanos y sexys. Lo absurdo —como lo es quejarse por quedarse sin batería, un atasco, o, pongamos, tener que aumentar el número de polis porque llevas años recortando en educación— es esta demonización de las drogas que está ahí como un quiste y parece que tanto miedo da. Un gilipollas es un gilipollas. Un gilipollas drogado es un puto desastre de persona. Un tipo normal es un tipo normal. ¿Dónde coño está la ecuación exacta e infalible que afirma que un tipo normal se droga y se convierte en gilipollas, asesino, violador, deprimido, esquizofrénico?. Me repugna bastante el paternalismo del Estado –y de los que quieren cambiarlo— con cualquier tipo de tema. El de las drogas se suma al carrito de la basura. Qué bien sienta de vez en cuando en las fosas nasales.

En Vanity Dust hay mucho sarcasmo. Un sarcasmo donde no muestras ninguna compasión por tu propia especie. ¿Es una forma de supervivencia?

Justamente, Leopoldo María Panero, parafraseando a otro autor, decía que “en la infancia vives, en la adultez sobrevives”. Frase sarcástica en sí misma, aunque no estoy demasiado de acuerdo. Mi concepción de la infancia es bastante lamentable: restricciones por todas partes, no entender casi nada, ser observado por gente que de golpe te sonríe mientras ignora a los indigentes del parque de su barrio, levantarte pronto a la fuerza, etc. El sarcasmo aparece cuando acechan las frustraciones y la impotencia y el saberse derrotado antes de tiempo. Cuando aprendes a usarlo, al mismo tiempo que intentas no perder la sensibilidad hacia otros campos que molan —arte, amistades, mujeres—, tu supervivencia se eleva un par de grados hacia el sentirse mejor. Obviamente, parto de la idea de que mucha gente se toma el sarcasmo hacia los otros como algo ofensivo y personal, pero no puedo estar compadeciéndome todo el rato por los que siguen aferrados a su supuesto “yo”. De ahí que tampoco me tome demasiado en serio a mí mismo. Podría deciros, por ejemplo, que no hace tantos años me compré un Tamagotchi y logré que viviese algo más de dos meses.

¿Cómo encaras tu escritura, qué estás transmitiendo, cuál es la ocupación primera de Vanity Dust?

Todo empezó con el blog en 2008 y sin una perspectiva de futuro definida. Para nada. Por aquel entonces encontré por primera vez autores que me hablaban directamente a mí y me planteaban ciertas visiones del mundo que me petaron el cerebro. Supongo que podrían haber sido otros en otro momento, pero les tocó abrir el camino a Palahniuk, Houellebecq e Easton Ellis. Ahí podemos sumar y añadir autores que van desde el nuevo periodismo de Gay Talese a los libros de Eloy Fernández Porta. Escribía para recrear situaciones y provocar encuentros que me resultaban liberadores, que tensionaban en cierto modo mi cotidianidad y, al mismo tiempo, sacaban a relucir las cosas “menos nobles” de la naturaleza humana.

¿Cómo compatibilizas la música electrónica y la literatura? ¿No cortocircuita esa relación?

Más que cortocircuitar, ambos mundos retroalimentan de manera exponencial. No estaba previsto que fuese de una forma tan intensa ni creciente; empecé a escribir sobre mis noches de fiesta y a hablar de música electrónica meramente por diversión. Con la entrada en Vicious Magazine y Under Magazine la cosa se convirtió en regular y pude cubrir los primeros festivales, como el Sónar o Tomorrowland. Ahí me interesé de un modo más serio por el mundo de la electrónica, los sellos, los Djs y los estilos. Respecto a la entrada en ambos mundos, en realidad, fue primero la electrónica. Comencé a pinchar por curiosidad y ganas de liarla varios años antes de dedicarme a escribir, cuando apenas tenía 17 años. La escritura vino más tarde y lo cierto es que acabé sintiéndome más cómodo escribiendo que pinchando. Hasta que hace nada me entró la vena de volver a los platos (a los 17 en vinilo, ahora con iPad y Mac, no te arriendo la movida), y por ahora me estoy divirtiendo mucho. Para resumir cómo lo veo, del mismo modo que la figura de Buda representa no una “persona” al modo Jesucristo style, sino un estado mental, para mí la electrónica es una actitud que me sitúa delante del teclado de otra manera, mucho más activa y con más fuerza para hablar de lo que se tercie en ese momento.

¿Crees que el campo literario está muy centrado en sí mismo?

Casi todos los campos artísticos están cerrados en sí mismos, a veces puede notarse incluso algo de asfixia. Creo que esta especialización “tribal” responde a dos motivos: por un lado, ubicarse en un mundillo concreto te permite ser reconocido más fácilmente —ni que sea siendo odiado o criticado a las espaldas. Es como cuando, en un club muy grande, intentas centrarte en un grupo de chicas para ligar, en vez de jugar varias bazas a la vez y acabar haciendo de loser. No deja de ser un modo algo tímido pero útil sentir que formas parte de algo que controlas (nombres, hechos, encuentros, presentaciones, rivalidades…). El otro motivo, algo más positivo, responde a un interés genuino por lo que hacen los otros y la afinidad que sientes hacia ellos. Es más fácil identificarte y hacer cosas con alguien que tiene una sensibilidad parecida a la tuya que lanzarte a discutir sobre otros campos artísticos que se te escapan más.


A pesar de esto, hay infinitos ejemplos de escritores que se meten en otros campos y que producen cosas muy interesantes. Desde ensayistas que se meten a hacer videoproyecciones a escritores que hablan sobre series, pasando por peña que ilustra al mismo tiempo que también escribe, y suma y sigue. Afortunadamente, creo que tanto a nivel nacional como internacional la transversalidad en el mundo artístico es bastante fluida y me parece ideal que así sea. Por otro lado, creo que todavía falta campo por recorrer entre los mundos creativos –en especial el literario— y el mundo de la empresa. Parece que muchos escritores o gente que proviene del mundo de las humanidades sigue empeñado en que su sueño es “escribir una novela” o “montar una editorial”. Me parece de un romanticismo más que caduco y que rara vez funciona, precisamente por lo saturado que está el mercado y que hay gente que lo está haciendo muy bien.

¿En qué medida crees que están afectando los cambios sociales en la literatura?

La literatura, como puede serlo la música electrónica o cualquier campo artístico —cine, pongamos— es un buen indicador de la mierda que hay en el mundo. Easton Ellis lanzaba con American Psycho una visión de los tipos que en 2008 nos llevarían a donde estamos ahora. Y su primer libro, Menos que cero, ponía en el punto de mira a una generación que lo tenía todo y que, sin embargo, estaba más que hecha polvo. Lo mismo ocurre con Houellebecq en Europa o con Haneke en el cine. La serie Black Mirror, por ejemplo, responde fabulosamente bien a las tensiones y amenazas que el mundo digital está generando (y seguirá haciéndolo).

Si la literatura quiere servir para algo más que para pasar el rato, no le queda otra que ponerse las pilas y meterse hasta las trancas con todas las crisis actuales que nos invaden por todas partes (¡bukkake!)

¿Qué autores reivindicas y por qué? (no importa disciplina)

Varios de ellos los he mencionado antes. Desde Bret Easton Ellis a John Williams, pasando por Jonathan Coe o Mark Z. Danielewski. De Douglas Coupland a Eloy Fernández Porta. De Miguel Brieva a Tom Wolfe o Hunter S. Thompson. Donald Ray Pollock, Frédéric Beigbeder, Colin Wilson, Chester Brown, Céline, Colectivo Juan de Madre o Vicente Muñoz Álvarez... Podría seguir con el name dropping pero creo que te haces una idea de mi limitado espectro literario.

¿Aprovechan realmente los escritores toda la potencialidad de la red, o son más conservadores de lo que aparentan?

Algunos lo aprovechan y otros trabajan su ego precariamente intentando soltar frases lapidarias e ingeniosas. Como cualquiera que use las redes, el medidor de likes, follows y toda esta movida está a la orden del día. Aunque creo que el nivel ha llegado a tal absurdidad que a la gente comienza a sudársela. Obviamente, en otros campos artísticos lo están petando mucho más. Hay autores que todavía cuelgan en redes jpg con sus reseñas, machacan con las presentaciones de sus obras y retwittean únicamente a los medios que hablan de ellos. No me jodas, hombre.

Y la poesía, ¿dónde queda la poesía en la vida de VD?


Queda en un lugar raro. Como aquel cuadro que te encanta y que has comprado viéndolo clarísimo pero que, a la hora de la verdad, no sabes dónde meterlo para que cuaje del todo. Mi pretensión poética es nula y no me considero poeta en absoluto. Hacerlo sería literalmente faltar a los que se lo curran de verdad. Pero a veces me sirve para expresar ciertas situaciones, impresiones y demás vaivenes de un modo más asociativo y menos narrativo que el que uso en prosa. Me gusta meterme en ello en ciertos momentos, de modo más bien caótico y sin criterio definido o pensado en la estructura. Por ello, haber participado en dos antologías poéticas recientemente es una puta pasada. Doy infinitas gracias a Luna Miguel y a El Gaviero por haberme dejado publicar un poema sobre Hank Moody en Serial. Por otro lado, a Almudena Vega —que entrevistastéis recientemente—, que ha antologado la potente obra Lolita. Es algo que quiero contar a los nietos que no tendré.


¿Qué os pasó a ti y a Riot Über Alles por la cabeza para escribir un libro tan lisérgico como el de Lady Grecia?


Básicamente fue un pretexto para no pasar demasiado tiempo ciegos y sin hacer otra cosa que hablar y gritarnos a grito pelado sin llegar a nada en concreto. Como tampoco frecuentamos burdeles juntos, y los dos escribimos, fue un modo de dejar constancia que en efecto éramos capaces de pasar del grado 0 de borrachos de bar a grado 0,5: hacer lo mismo pero en un papel. Lady Grecia acabó convirtiéndose en el lugar ideal para volcar todas nuestras fobias y obsesiones: el absoluto desprecio a la política internacional, los clichés tribales, raciales, las novelas pulp maniqueístas oldschool y nuestro humor negro tan apropiado e interesante como hacer coñas del muerto en un funeral. Siempre hemos trabajado extrañamente bien juntos, en el sentido de que es complicado petarlo tanto y llegar a producir algo. Gracias divino onfireismo por haber puesto un Riot en mi vida.

¿Volveréis a liarla?

Y lo seguimos haciendo. Como os comentó en su entrevista —que recomiendo encarecidamente leer right now– tenemos el blog conjunto Talented Sugar, en el que el periodismo serio y de calidad se expresa a su manera fornicando con la ridícula concepción morbosa de la viralidad de nuestros días.


¿Qué es lo que más aprecias de Riot? ¿Se pueden montar buenas barbacoas con él?


Las barbacoas de Riot son épicas. Siempre me recibe con las manos llenas de sangre y una sonrisa de oreja a oreja, tiene la costumbre de comprar medio vacuno entero y de acabar de degollarlo en su casa con métodos algo primarios. Además, por muy pronto que llegue a la barbacoa, siempre está ya borracho y preparando gasolina para prender las brasas. Alguna vez he intentado explicarle que es algo cancerígeno hacer brasas con gasolina, pero se la suda. Y luego está la merca. Bien comidos, para evitar caer en el modo siesta, sacamos el arsenal y la cosa se alarga hasta que ya es demasiado tarde. Mentira, nunca es demasiado tarde con Riot.

¿No crees que se ha generalizado mucho el “ser artista”?


La publicidad y el consumo de masas sirven bastante para explicar este apasionante fenómeno. Ahora hablamos de “el arte de hacer pan”, apelamos a los sofistas reivindicando “el arte de la conversación” y consideramos que debemos “liberar nuestro yo creativo”. Al mismo tiempo, el arte como producto de mercado que alcanza cotizaciones y un renombre de épicas dimensiones ocupa la atención de medios y redes sociales. Los blogs y las revistas literarias afloran por todas partes, y los Djs no caben ni en las fiestas de cumpleaños. Veo dos clases de “artistas” muy diferenciados: el celebrity y el beginner. O bien eres un rockstar que debes sacarte los curros de encima, las peticiones de colaboraciones y te machacan con entrevistas o bien eres un tipo que expone en el bar de los colegas y tiene que insistir (e incluso amenazar) a sus mejores amigos (también llamando a alguna ex neutral “para llenar”) para conseguir no terminar haciendo solo la enésima presentación de un libro de poesía autoeditado. El punto medio ha prácticamente desaparecido, si es que ha existido alguna vez. Mi opinión al respecto no es original: dentro de todo este jolgorio creativo tratas de encontrar los artistas y medios que realmente te aportan y buscas conexiones con las que te sientes cómodo y veas que tú también puedes aportar. Esto suena a autoayuda, mierda, se me ha vuelto a ir de las manos. Conclusión: hay que comprarse un Mac ya y comenzar a “crear” y “compartir” y a “inspirarse” como un loco. Pero ya.


¿Recuerdas algún sueño reciente?


No recuerdo nunca nada. Es frustrante cuando la gente me cuenta sus movidas en sueños, especialmente las chicas. Es como si la noche fuese una fiesta de acontecimientos y, en mi caso, un enfermo terminal conectado a una máquina. Por fortuna, puedo decir que recientemente me levanto con una bella mujer a mi lado que tampoco recuerda gran cosa pero que durante el desayuno con tostadas y mermelada de naranja ácida logramos armar conversaciones que terminan con un regreso a la cama.


¿Cómo te imaginas el futuro? ¿Qué valores crees que se pondrán de moda?


No sé si vale mucho la pena imaginarse el futuro a estas alturas. La ecuación es sencilla, o vivimos algún tipo de revolución humanista-científica a la altura del Renacimiento que pueda cambiar de raíz la dinámica actual o el baile con la fea de clase está más cerca que nunca.


Respecto a los valores, es interesante el boom de la economía compartida a nivel social y el rollo orientalista a nivel personal. Es entre naïf y esperanzador. Por un lado, resolvemos nuestra situación económica compartiendo coches y casas y, por el otro, nuestras frustraciones personales meditando y abrazando árboles. ¿No es cojonudo? ¿eh?

¿Cómo serán las relaciones sociales? ¿Existirá el amor?


El ser humano se caracteriza por ser un auténtico caos relacional. La dinámica de filias y fobias respecto a nuestros congéneres (especialmente en Occidente) circula a una velocidad que marea a cualquiera. Gente que amabas te odia, gente que era insoportable es tu amiga, gente con la que ibas a trabajar te deja colgado. Y viceversa. Este festín sorpresa quema mucho a la peña y llegará un punto que los que prefieran no acabar en un psiquiátrico deberán hacer un back to the roots y moverse en círculos un poco más coherentes. Por supuesto, yo sigo yendo al psiquiatra.

¿Crees que el amor está sobrevalorado? ¿O es un bulo para vender libros de autoayuda?

El amor no está sobrevalorado. Lo que está minusvalorado es la soledad. Sentirse solo está bien. Estar solo es bueno. No tener pareja mola. No ligar no es un fail. No tener 2.000 amigos en Facebook no es un problema. El amor es ese chute de épica personal que mucha gente necesita para dejar su mierda diaria y la rutina de lado. El enamoramiento es apretar el botón de emergencia cuando tu vida está perdiendo fuelle por todas partes. Eso y la mierda que Disney nos metió en la cabeza desde que tenemos memoria. El amor debe reinventarse. Somos incluso más libres que nuestros padres y, paradójicamente, nos comportamos como nuestros abuelos. Pero lo dejo aquí, el verdadero crack en el asunto es Eloy Fernández Porta y su €®0$.

¿No crees que se fomenta demasiado esa manera tan reflexiva y con excesivas expectativas, de enfrentarnos a las relaciones sociales?


Los pajotes mentales que nos montamos todos para racionalizar los problemas con los otros son increíbles. En esto veo dos puntos claves dentro del consumo televisivo: las telenovelas y los primeros Gran Hermano. En ambos casos la acción siempre queda sujeta a la conversación posterior y a las afinidades y odios que se generan tras los acontecimientos, obviando, por supuesto, que son innecesarios y una total chorrada. Suelen basarse, casualmente, en los típicos pecados: mentir, ser fiel, avaricia, etc. Es un bucle del que cuesta salir. Aferrarse a un punto de vista respecto a una cosa es, de nuevo, ganar un poco de tiempo ante las inseguridades en el resto de ámbitos de tu vida. Relativizar los puntos de vista, no tomarse a uno mismo tan en serio y, muy especialmente, intentar rodearse de peña menos marronera, suele funcionar bastante bien para no dedicar demasiado tiempo a cosas que, para más inri y según Kahneman y otros genios, tampoco dependen de nosotros al 100%. Pero Lao-Tsé ya decía algo parecido hace más de dos mil años.

Pregunta Cosmopolitan: ¿Qué 5 consejos darías sobre cómo mantener relaciones afectivas?


Respuesta Cosmopolitan:


1. Emborracharse en los museos de arte contemporáneo y no compartir nada de lo que se hace en redes sociales.

2. Viajar un poco a lo random y follar en los baños de los festivales electrónicos.

3. Buscar noches de ciego absoluto en casa pinchando en bolas y leyendo fragmentos de libros fetiche al azar.

4. Practicar salvajismos en la cama, roles, guarradas, y ver qué pasa.

5. Petarlo en un amplio espectro de movidas vitales, especialmente en peleas y roces con taxistas sobrios.


Si te dieran la posibilidad de modificar un anuncio publicitario, ¿cómo harías el de Wipp Express?


Dejará tu ropa tan blanca como la última reforma fiscal española hizo con todo el dinero negro de tus jefes.


¿Y el del iPhone?


«Más apps. Más fino. Más retina. Más caro. Pero, eh, MUY NUEVO y desgrabado en Irlanda.»

¿Qué piensas de la prensa actual? ¿qué te inspira?


Los medios convencionales están realmente jodidos. Diarios oldschool como El Pastís o La DesVanguardia navegan en una eterna deriva y absolutamente incapaces para retornar a unos balances que no sean sangrantes a escala económica y un discurso que no sea previsible a niveles ridículos. Cualquier estudiante de primero de periodismo puede preveer el titular de estos periódicos el día después de un suceso importante. Eso se debe a que todavía pretenden mantener una especie de estatus que ya nadie les otorga. Como el rey que, tras una lenta y dura decadencia de su reinado, sigue empeñado en beber en las mismas copas doradas cuando, en realidad, debería o bien venderlas o bien sustituirlas por algo acorde con su nueva realidad. La creatividad que les permiten a los periodistas que trabajan en estos medios es limitada y siempre debe estar sujeta a cierta corrección política que convierte el artículo con potencial interesante en una cápsula light que