top of page
  • unnamed (2)
  • unnamed (4)
  • unnamed (3)
  • Bandcamp-button-bc-circle-black (
  • unnamed (1)
  • unnamed (5)
  • unnamed

CASA EN LLAMAS #06 BRUNO GARCA

  • hace 3 horas
  • 11 Min. de lectura
Hay discos que encajan. Otros que simplemente pasan. Y luego están esos que parecen funcionar con una lógica ligeramente distinta, como si no terminasen de pertenecer del todo al mismo tiempo que los demás.OOPARTS juega en ese terreno.

Bruno Garca, aka Brunetto, lleva años moviéndose en una especie de línea paralela: lo bastante cerca como para formar parte de la escena, lo bastante lejos como para no confundirse con ella. Su música no insiste en gustar, ni en explicarse demasiado. Más bien propone, sugiere… y a veces incomoda un poco.

Entre beats con carácter, sintes que parecen esconder más de lo que muestran y una narrativa que se despliega sin necesidad de palabras, hay algo que se repite en todo su discurso: una forma de resistencia tranquila, casi obstinada. Seguir haciendo, incluso cuando el contexto invita a simplificarlo todo.

En esta conversación aparecen muchas de esas grietas: la industria, la precariedad, la sobreexposición, las contradicciones. Pero también algo menos evidente —y quizá más importante—: la necesidad de seguir creando aunque no siempre tenga demasiado sentido.

O precisamente por eso.

Escuchando OOPARTS hay algo extraño: como si fuese un artefacto fuera de su tiempo y, a la vez, profundamente ligado a una memoria muy concreta. ¿Este disco nace desde la nostalgia, el escapismo o la necesidad de construir otro lugar?


Por el bloque oigo decir que soy un tanto extraño. Lo hacen cuchicheando ¡luego bien que gritan o ponen a la Rosalía por el boombox! :) Este disco primero nace de la necesidad de acabar cosas inacabadas. Luego de seguir construyendo historias eclécticas, aunque siempre marcadas por un buen beat, y que este dialogue con los sintes, el misterio, ideas un tanto perversas y mi singular forma de entender el sampling. Componer es un modo de escape, y dándole la razón a esos vecinos, si que soy un tanto raruno. Una especie de oveja gris que disfruta con los claroscuros y que vive entre la puta realidad y los sueños. Hacer música es vivir un sueño. Uno que puedo compartir con todos vosotros.


El EP tiene algo de ‘nivel de videojuego’, de recorrido narrativo sin palabras. ¿Te interesa más diseñar experiencias que canciones?


Aunque nunca fuí un adicto a los videojuegos -Tekken 3 aparte en el salón recreativo del barrio pagando 5 duros- sí que admiro la evolución con los años de estos. Y reconozco notar como se me caía la baba mientras algún amigo campeonísimo jugaba y pasaba fases casi sin pestañear. Me gusta observar y sentir. Sin duda alguna me gusta desarrollar esa especie de recorrido narrativo, en este caso a través de música y todo lo que esta esconde. Os aseguro que en temas como ‘Blade Rana’ o ‘Nyarlathotep’ hay mucha chicha. He musicado alguna que otra instalación de arte, danza contemporánea, documental… y hostia, crear el diseño sonoro -ya no solo música- de un videojuego sería brutal. Espera, que algo sí hice, era una game-app llamada ‘Unlocked’, más de pensar que de matar. Ah, sí que soy ultra-fan de las pelis de terror y ciencia ficción ¿lo habías notado en mi propuesta? jajaja


Llevas décadas trabajando en música desde la independencia, en un ecosistema bastante hostil. ¿Qué te ha permitido sostenerte todo este tiempo sin rendirte?


Justo llevo unos días intentando averiguar cuál fue mi primer paso serio en este mundillo. Y vas a flipar, tenemos que irnos hasta 1988 cuando -aún siendo menor de edad- me acerqué con la bicicleta a una emisora de radio y propuse hacer un programa. Me ‘pagaban’ con discos, sencillos 7” por eso. Sin duda alguna, lo que me ha mantenido siempre a flote ha sido mi pasión por la música. Descubrirla, componerla, pincharla, tocarla, vivirla. Hace muy poco volví a ver la película ‘Breakdance’ (Breakin’) y me volví a emocionar tanto que lloré viendo algunos bailes y es que antes de ese 1988 yo bailaba en las calles, ahora estoy oxidado para eso, pero se puede sentir la música de otras maneras. Luego, dentro de este ecosistema tan hostil, existen personas muy válidas o inspiradoras como tú. Si, como tú. Otro bastión importante es mi jefe en Miracle MGMT, Fernando Lagreca, cumplo ahora 16 años con él, y es un tío muy comprensible y motivador. Los últimos años, desde la pandemia, están siendo los más duros. Además de hostil no para de mutar todo a una velocidad endiablada. La tendencia a las redes sociales, la IA que comienza a descontrolarse, compañeros/as que se rinden… Uno no se acostumbra a todo eso. No fácilmente. Pero, lo que no te mata te hace más fuerte. Es cuestión de adaptarse todo lo posible y equilibrar.



Tu trayectoria parece más construida desde la resistencia que desde la oportunidad. ¿Crees que en cultura solo merece la pena pelear por causas que, en principio, parecen perdidas?


La primera frase, me la voy a adaptar e imprimir en una camiseta jajaja Siempre he dicho que soy una especie de ‘One Man Army’. Tanto por esa capacidad para tolerar, como por la cualidad para amoldarme a los tiempos y sus circunstancias. También porque soy una persona capaz de asumir múltiples roles y responsabilidades dentro de un mismo proyecto. Procuro ser autosuficiente y resolutivo. No sé, las causas perdidas hay que levantarlas. Pero por lo que hay que luchar verdaderamente es que la cultura no se desplome del todo. A ver, cómo era aquella frase… “Un pueblo sin cultura es un pueblo sin alma”. Trabajo, luego resisto.


Desde fuera, la industria musical sigue vendiéndose como éxito y visibilidad. Desde dentro, ¿qué es realmente: una industria o un sistema precario que se sostiene sobre la ilusión?


Es curioso. Hace pocas semanas se celebró el 2º Congreso de la Prensa Musical, algo que entiendo es una gran iniciativa y donde está claro se mide el pulso actual y real de la industria musical desde la perspectiva del periodista, comunicador y profesional de la industria con, y como dicen ellos, “el objetivo de pensar colectivamente el presente y el futuro del oficio y reforzar la conciencia de grupo”. Chapó por esto. Luego, recibo una e-news de los chicos de dod Magazine recordando que la música grabada creció un 6,4% en todo el mundo, que el vinilo (mi vicio, bien alimentado aquí en Barna donde ahora mismo hay más de 30 tiendas de discos independientes) y otros formatos físicos crecen por su valor experiencial… Aunque hay unos matices importantes, son buenos datos que, mirándolos desde otro prisma, también significan mayor cantidad de todo, excesiva saturación de lanzamientos y campañas (ya no de prensa, sino más bien de redes). Parte de esa precariedad reside en que artistas y sellos lo quieren todo pero luego no te valoran lo suficiente. Ni de coña. El segundo semestre del año pasado noté un bajón de clientes en Freelastica los cuales, aunque ya tenía con ellos apalabradas campañas chulas, se echaron atrás porque decían, las cuentas no les salían… Sin embargo dos de ellos tiraron por pillar a agencias más ‘baratas y noveles’, viniendo a mi cuando al par de meses comprobaron que la cosa no iba bien (dije que no a ambos, ¿por orgullo? ¿toque de atención?) y los otros dos solo apostaron por armar anuncios y reels en las dichosas redes. Ojo, que las respeto y está bien usarlas -aún temiendo por la incerteza de los algoritmos- pero creo que no es sinónimo de campaña sólida, y debe contarse con un buen PR que te posicione en medios (revistas, blogs, radios), ayude en los timings y en la coherencia de la narrativa del trabajo que se presenta… no menos importante, haga llegar esa música a profesionales que son capaces de analizar con libertad e imparcialidad tu oferta. Un músico, una banda, pueden aprender mucho de lo que estos opinan. Mucho más que un puñado de likes, cientos de emoticonos y por supuesto los haters que siempre están ahí para dar palos ‘no matter what’ :)


Cada vez más artistas no pueden seguir el ritmo que exige el mercado. ¿Estamos ante un modelo directamente incompatible con la vida?


Sí, hay señales bastante claras de que el modelo actual de la industria musical está tensionando los límites de lo sostenible para muchas personas, pero no es tan simple como decir que es “incompatible con la vida”. Más bien, es un sistema que premia ritmos y comportamientos difíciles de sostener a largo plazo. La hiperactividad obligatoria es peligrosa. La creatividad bien entendida necesita de tiempo, silencio y procesos irregulares. Si no, es un desgaste, provoca una vida forzada y para nada natural.


Hay una sensación generacional de haber sido engañados con la idea de “vivir de lo que amas”. ¿Ese desencanto atraviesa también la música?


Uy, me vino a la cabeza eso del “emosido engañado” :) Bueno, dudo que muchos de los que aseguran decir “amar” la música, y por eso necesitan vivir de ella, lo hagan desde el corazón. Es más bien producto de la democratización de la tecnología y herramientas para llegar a más público, y otras, incluso si suena la flauta, perdón ¡el algoritmo! ganar pasta a mansalva. Yo noto que te cagas cuando un músico joven tiene vocación y no apuesta por una carrera intermitente e irregular. Por otro lado, por esa liberación que hablaba, nunca hubo tantos músicos… Hay una precariedad estructural que deberíamos regular mejor, dejar de ser tan ingenuos. Internet democratizó el éxito e infló las expectativas de demasiada gente. Repito, no nos confiemos tanto.



Vives en Barcelona, supuesta tierra de oportunidades culturales. ¿Es una escena real o más bien una ficción que nos contamos para seguir dentro?


Eso es Barcelona, un crisol de gentes, culturas y aunque el ambiente haya cambiado un poco -o no tan poco- sigue siendo una ciudad abierta a la vanguardia y al talento cultural. Y volvemos a lo mismo, nos movemos en un escenario entre lo real y lo ficticio. No solo aquí, que conste. Convivimos dentro de un discurso inflado, saturado de ‘buenos y malos’. Buenos artistas que creen en lo suyo y encima con acierto y sin apabullar a nadie; también pseudo artistas que aún menospreciando a otros se quieren abrir paso pisoteando el talento. Luego es verdad que también muchos dueños de clubes, festivales… miran más por los números que por otra cosa. La verdad, lo que siempre hubo, pero multiplicado por cinco, o seis, o qué sé yo. Barna es un ecosistema cultural vivo… pero precario y competitivo. Y además de hacer las cosas bien, ya sea innovando o no, hay que aprender a respetar más.


El mundo de los clubs y los DJs parece haber derivado hacia algo más espectacular que musical. ¿Se ha vaciado de sentido o simplemente ha mutado?


Y los festivales, no te olvides. Cada vez los disfruto menos, pero, cómo sigue habiendo tantos… es cuestión de elegir. Eventos como el L.E.V. de Gijón me siguen pareciendo un pasote. En este sentido, no creo que los clubes se hayan vaciado del todo, pero sí ha cambiado tanto que para mucha gente ya no cumple la misma función que antes. Más que una pérdida absoluta de sentido, es una mutación con costes. El tema de los DJs exagerando en las poses… volvemos a lo mismo. La actualidad obliga demasiado en demostrar lo que haces con excesos. Se sobreactua por nunca mejor dicho ahora tienes docenas de cámaras grabando, transmitiendo y, parece ser -un error grande en mi opinión- que ya no solo basta con compartir una buena sesión de música y habilidades técnicas en las mezclas, actúas para las cámaras. Más espectáculo, más marca, más imagen, más mojón. Bien que siempre existirá una capa paralela, la denominada underground, que apuesta más por la música, la pasión y el riesgo. Pero claro, ¿en cuál de las dos se gana más pasta y en menos tiempo? En resumen, una mutación cada vez más desproporcionada. El engagement ha cambiado muchos roles. Parece que si no generas recuerdo visual, no eres o no serás nadie.


Muchos critican la escena pero siguen participando en ella. ¿Estamos atrapados en un sistema que ya no creemos pero del que dependemos?


Sí, en gran medida sí hay una forma de dependencia… pero no es una trampa cerrada sin salida. Es más bien un sistema con el que mucha gente tiene una relación ambivalente: crítica por dentro, participación por necesidad (y también por deseo).


Da la sensación de que hoy todo en la cultura está atravesado por la ideología, incluso cuando no se pretende. ¿Existen todavía espacios realmente libres o neutrales?


¡La llamada resistencia! Si, gracias a dios ahí siguen estando ¿cada vez menos? No sé, porque estos también van mutando dentro de sus propias libertades. El mayor problema que ahora mismo estoy notando aquí, en Barcelona, es la barrabasada impuesta por unos precios -alquileres- tan abultados que para esta escena cultural que no le come el culo al sistema ‘mainstream’, hacen que tiemblen o incluso hieran con la desaparición. Ya no hablo solo de espacios culturales, salas donde se apuesta por un gusto más neutral y programaciones libres donde se valora lo musical y capacidad creativa. Sitios como LAUT, Niu o El Pumarejo no deberían darse por vencidos nunca. El resurgir de otros como La Paloma deberían significar un punto de inflexión. No nos olvidemos de las tiendas de discos -si, ese formato físico que afirman está en auge- que tienen que cerrar, aunque vendan, para seguramente poner en su lugar una franquicia. No olvidemos lo que pasó hace poco con Discos Revólver. La Generalitat debería poner más de su parte. Con cariño, admiro reductos como los que aún podemos encontrar en Galerías Olimpia, y en especial un sitio como Vinularium. Si nos metemos por el centro, Paradiso, Discos Redondos, etc. Tiendas con gente auténtica y razonable que apuesta por la venta de discos. Es como un bonito viaje al pasado, la verdad.


Plantear ciertas preguntas incómodas —sobre talento, oportunidades o relato— puede cerrarte puertas. ¿Sientes que existe una autocensura asumida dentro del sector?


Sí, absolutamente, en esas estamos. Y no solo existe, sino que se practica de forma muy natural, casi sin que la gente lo note conscientemente. No sé, la podemos denominar autocensura estratégica: ajustas lo que dices para no comprometer oportunidades, contactos o reputación. Lo acabo de hacer jajaja :) Normalmente es más evidente cuando la presión económica y de visibilidad es alta.



Más que premiar lo mejor, a veces parece que se premia lo más adecuado. ¿Hasta qué punto crees que la cultura funciona hoy por criterios de alineación más que de calidad?


Como ya he dicho antes, igual de otro modo, mucho de lo que hoy “funciona” en la cultura está basado más en alineación que en calidad intrínseca. Lo viral es la tendencia. Desvariar es lo más predecible. La peña que camina por la calle ciega, perdida en su móvil, sigue prefiriendo lo que es fácil de consumir, no necesariamente lo más arriesgado o innovador. Luego las plataformas y conglomerados tecnológicos van y premian esa tendencia, lo viral. La vanidad. Sin filtrar el valor real y positivo de un contenido. Y así nos va.


¿Hemos pasado de hacer obras a producir contenido pensado para no molestar y ser consumido rápido? En este contexto, ¿la música todavía puede decir algo o solo acompaña el ruido?


La música, la buena música realizada con talento real y con buenas intenciones, sin fricciones, siempre debe significar esperanza. Y esta, NO diseñada para ser consumida rápida y de manera explosiva, debe convertirse más en nuestra razón de ser. Ok a una estabilidad en lo económico, pero valoremos más nuestra salud y nuestro tiempo. La música todavía puede ser mensaje, obra y resistencia.


Después de todo este recorrido, ¿qué significa hoy para ti seguir haciendo música?


Un momento de escape, de evasión, donde seguir celebrando la creación y la vida en sí misma. Siempre pienso que es hermoso dejar una huella interesante en este mundo, para una vez que muera, seguir existiendo de otro modo, y que la gente me siga disfrutando. Aunque sean dos personas, dos gatos, o dos alienígenas, me da lo mismo. Cuando me encierro a producir, a expresar mis ideas con la libertad por bandera, el tiempo se para y se vuelve más hermoso.


Y si OOPARTS es un artefacto fuera de lugar… ¿tú también te sientes fuera de lugar en esta industria?


Quizás la pregunta que más complicada me resulte contestar. De un modo u otro, y mientras no se demuestre lo contrario, desde hace mucho tiempo formo parte de esta industria. Y quiero seguir siendo parte de ella, aunque considero que debe replantearse muchas cosas y estimular más la autenticidad. Ser menos masiva e invasiva. Con el tiempo he procurado crear mis propias estrategias personales para no quedar fuera. Especialmente en el apartado comunicación y prensa. Como músico / DJ no me obligo a estar en todas partes, esa no es mi batalla. También soy consciente que jamás me haré millonario yendo a vivir a Andorra… Para colmo, algo que ayudaba a vivir mejor -actuar en directo- me generaba algo de ansiedad, y corté por lo sano. Pocos lo saben. Mientras que pinchar me sigue encantando pero justo me he topado de bruces con demasiado intrusismo, aptitudes distraídas aunque cuenten con más herramientas… Sinceramente, disfrutaba una barbaridad cuando solo existían platos de vinilo para pinchar y era una odisea comprar discos. Al final viajabas, rebuscadas en cubetas, ¡construías una maleta, una narrativa muy personal por la que luego te valoraban! Echo de menos aquellos tiempos. La lucha era más física y real. En este sentido sí que me he apartado bastante,pero no desvanecido del todo. El futuro es algo cíclico, y la llama por compartir mi ingenio y música, se mantiene intacta.


 
 
 

Comentarios


Donar con PayPal

© 2023 by CHROMATIC CLUB

bottom of page