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CASA EN LLAMAS: #03 EME DJ

  • hace 48 minutos
  • 6 Min. de lectura

Durante años el DJ fue una figura medio chamánica: alguien que desaparecía detrás de una cabina llena de cables mientras el resto bailaba con fe ciega. No había stories, no había reels, no había confeti corporativo. Solo discos, intuición y una cierta mística nocturna que nadie sabía explicar demasiado bien.

Luego llegó internet, los algoritmos y la conversión progresiva del DJ en algo parecido a una navaja suiza del capitalismo cultural: selector, gestor de marca, editor de vídeo, community manager y, si la fiesta lo pide, performer improvisado sobre la mesa del club.

En medio de ese paisaje aparece EME DJ, alias de Marta Fierro, que lleva años dentro del sistema pero también mirándolo con cierta distancia crítica. En esta conversación hablamos de la pérdida de la mística, del DJ convertido en contenido, de la “escena” como mito útil para justificar precariedades y de algo que rara vez entra en el relato oficial del clubbing: la soledad.También aparece Depresión en la Cabina, su proyecto para hablar de salud mental en una industria donde todo parece siempre increíble… incluso cuando no lo es.

Porque a veces la pista de baile sigue siendo un ritual. Y otras veces es simplemente marketing con luces estroboscópicas.


Mirando atrás, ¿qué es lo que más ha cambiado para ti en la forma de ser DJ? 

Lo que más ha cambiado es la pérdida de la “mística”. Antes, ser DJ era un oficio de búsqueda, de horas en tiendas de discos y de una selección que te definía casi en secreto. Hoy, la tecnología ha democratizado la técnica (lo cual es genial), pero ha acelerado tanto el consumo que a veces parece que el DJ es más un gestor de contenido que un selector, en algunas ocasiones el DJ es un decorado (sobre todo en fiestas para VIPs) y en otras busca la forma de llamar la atención de cualquier forma (bailes, máscaras o caretas, subirse encima de la mesa a bailar, tirar tartas, confeti... mas como un show). Para mí, el cambio más profundo ha sido pasar de “poner música” a “gestionar una marca” mientras intento que la música siga siendo lo importante. Intento que todo el mundo entienda lo que hace un DJ y cómo es su trabajo, por eso ahora dedico mi IG a divulgar desde mi experiencia.


El DJ como centro del espectáculo y la narrativa en redes. ¿Ha cambiado tu forma de estar en la cabina? 

Totalmente. Antes la cabina era un refugio, un sitio donde podías ser invisible y dejar que hablara el sonido. Ahora hay una presión constante por ser “cool”, por tener el reel perfecto mientras pinchas. Yo soy bastante introvertida, y esa transformación me genera mucha ansiedad. A veces siento que la cabina ha dejado de ser un espacio de libertad para ser un escaparate. Me obligo a recordar que estoy ahí por la gente que baila, no por los que miran el móvil.

¿Se ha vuelto la profesión más compleja? 

Mucho más. Ahora somos una como “mujer orquesta” digital o mejor una “navaja suiza” digital. Tienes que ser DJ, pero también experta en marketing, community manager, relaciones públicas, editora de foto y video, creadora de contenido, booker y contable. Esa complejidad es agotadora y es la que nos lleva directas al burnout. Ya no basta con tener buen gusto; hay que saber alimentar al algoritmo, y eso es una trampa que te quita tiempo de lo que realmente importa: buscar música para pinchar y compartir y descansar.


¿Cultura de club o economía del entretenimiento nocturno? 

Hoy vivimos en una economía del entretenimiento nocturno con destellos de cultura de club. Los grandes festivales son infraestructuras industriales donde el riesgo musical es mínimo porque lo que prima es el retorno de la inversión. La cultura de club real sobrevive en las grietas, en los sitios pequeños donde todavía se permite el error y el descubrimiento. El resto es branding y consumo rápido. Hay un libro muy bueno de Pepo Marquez llamado “Antineutral” que todos deberiamos leer, va sobre el turbocapitalismo en la música.


¿La “escena” es un mito o algo real? 

La “escena” es un concepto precioso que nos gusta usar para sentir que pertenecemos a algo, pero en el día a día funciona más como un mercado competitivo. Existe una comunidad real, sí, pero está muy fragmentada. A veces nos venden la idea de “familia” para justificar la precariedad (”hazlo por la escena”), y ahí es donde el mito se vuelve peligroso.

¿Cómo se construye un relato musical a esta velocidad? 

Es un reto diario. Yo intento huir de la tiranía de la novedad. Construyo mi relato volviendo a lo que me emociona, mezclando canciones antiguas con lo nuevo que realmente me dice algo. Mi relato es mi identidad, y eso no se puede fabricar con un algoritmo. Me gusta tanto lo mas mainstream como lo mas infraunderground y si algo pega en mis sesiones, lo pincho.


Sobre Depresión en la Cabina: ¿Cómo nació la idea? 

Nació de mi propia caída. De sentir que, a pesar de estar pinchando ante cientos de personas y de tener “éxito”, me sentía profundamente sola y rota, por circunstancias personales, pero también por que el oficio de DJ en su mayoría es soledad (aunque parezca lo contrario). Nació de la necesidad de decir: “Oye, que esto no es solo purpurina”. Me di cuenta de que muchos compañeros sentían lo mismo pero se callaban por miedo a que los promotores dejaran de llamarles si parecían “complicados”. Ahora funcionamos como grupo de apoyo mutuo y me hace sentir bien que sirva para algo.


¿Te interesaba desmontar el mito del DJ cool? 

Absolutamente. Ese mito es una cárcel. El DJ es un trabajador nocturno, con ritmos circadianos destrozados, soledad en hoteles y una presión brutal por gustar. Desmontar el “todo va genial” es el primer paso para que esta industria sea sostenible. La vulnerabilidad es mucho más interesante y real que una pose de Instagram. Tenemos que empezar a frenar los cachés desorbitados y la personalidad con complejo de Dios por poner música (de otros).


¿Está el clubbing preparado para hablar de salud mental con honestidad? 

Estamos empezando, pero falta mucho. Se habla de ello como “tendencia”, pero cuando un artista necesita parar de verdad por salud mental, la industria a veces le pasa por encima. Falta que la salud mental sea un gasto operativo estándar: menos confeti y más psicólogos en las agencias, una figura que acompañe a los artistas desde que empiezan en la industria sería de gran ayuda.

¿Sigue teniendo el DJ el mismo sentido cultural? 

Sigue teniendo sentido porque el encuentro físico es insustituible. El DJ es el guía de ese ritual colectivo. Mientras necesitemos sudar, olvidar nuestro problemas y bailar juntos, el DJ tendrá sentido.


¿Qué sería hoy un gesto radical en la cultura de club? 

En un mundo de excesos y postureo, la sobriedad, la ternura y la calma en la cabina son actos de rebeldía absoluta.


¿Conciencia crítica o parálisis? 

La crítica es necesaria, pero a veces nos pasamos de frenada y nos volvemos unos cínicos. La parálisis viene de intentar ser “perfectamente auténticos” bajo el microscopio de internet. Hay que criticar el sistema, pero sin dejar de bailar, porque si no, nos convertimos en lo que criticamos: gente amargada que analiza la fiesta desde fuera. Es una metafora, yo bailar... bailo poco y mal.


¿Responsabilidad política o la música en otro plano? 

Todo acto público es político. Pinchar música de minorías, defender espacios seguros para el colectivo LGTBIQ+ o hablar de salud mental son posturas políticas. No hace falta dar un discurso, tu selección musical y tu forma de tratar a la gente ya dicen en qué mundo quieres vivir. Cuando digo que todo es política, no hablo de ideología. Tampoco creo en los políticos y estoy muy decepcionada con los partidos, pero si, creo que hay que tener responsabilidad política, posicionarse... ahora con lo de KKR y los festivales creo que hay que tener conciencia social, no sólo política, saber a quien estás favoreciendo participando en esos eventos. Tampoco me gusta la superioridad moral y buenista de quien se atribuye ciertas cosas creyéndose mejor persona si luego es un imbecil con la gente de su alrededor (y eso lo hacemos mucho).


¿En qué momento estás ahora mismo? 

Estoy en un momento de reconciliación. He pasado por épocas de querer dejarlo todo y ahora estoy intentando encontrar el equilibrio entre la Eme DJ profesional y la Marta que necesita paz. Estoy aprendiendo a decir “no” para poder decir “sí” con más fuerza a lo que de verdad me llena, como Depresión en la Cabina. Hace meses que no busco un bolo, pero agradecida de seguir teniendo trabajo que me llega sin buscarlo. De momento estoy tranquila. Pincho menos que antes, pero también lo disfruto más.


¿Tu momento más inesperado pinchando? 

Me han pasado mil cosas, desde que se vaya la luz en el momento del drop hasta peticiones de canciones imposibles. Pero lo más surrealista que ahora mismo recuerde quizás fue una vez que alguien me pidió matrimonio... Me quedé en shock, le dije que “luego hablábamos” y seguí mezclando. La noche tiene estas cosas.


Un tema para cerrar esta conversación. 

Elegiría “The River” de Daisy Jones & The Six.

No es electrónica, ni es bailable, pero tanto la serie como la música me flipó. Soy muy fan de Fleetwood Mac y tanto el libro como la adaptación de TV está inspirada en ellos. Me pone la piel de gallina ahora mismo.



Eme DJ - Marta Fierro: www.emedj.com

Salud mental en la industria musical: depresionenlacabina.com

 
 
 

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